El nombre de Pablo Rivero estará indefinidamente unido a su papel de Toni Alcántara en la irrepetible serie 'Cuéntame'. Una serie que forma parte de nuestras vidas y también de la suya, como nos confirmó al final de esta entrevista cuando explicó que sigue muy unido a los actores de la familia Alcántara.

"Sí, hay un Whatsapp de 'Cuéntame'", desveló, a la par que explicaba que en las vísperas de la entrevista había hablado con Irene Visedo, Paloma Bloyd; que había coincidido en una película con Imanol Arias (aun sin compartir escenas) o que intentaba quedar con María Galiana para ver su montaje teatral.

Pero no he quedado con él para hablar del pasado, sino del presente. Pablo Rivero acaba de presentar su sexta novela, su sexto 'thriller' (que es el género donde se siente más cómodo este fan del 'true crime'), llamado 'La matriarca', en el que trata muchísimos temas: la vejez, la exclusión social, la inmigración, el patriarcado, la brecha digital, el agujero negro que suponen unas redes sociales dispuestas a 'pervertir' a cualquiera...

En él, Rivero recupera el personaje de la Guardia Civil Candela Rodríguez, que en este caso tiene que investigar el aparente suicidio de una mujer mayor, que ¿se ha arrojado? desde un décimo piso. Cerca de allí, otra anciana fallece al ser atacada en su portal y, finalmente, Felicidad, de 80 años, que gestiona el alquiler de los pisos, desaparece. ¿Es todo casualidad o está relacionado? De todos los temas de los que trata el libro y alguno más hemos tratado con Pablo Rivero en esta entrevista.

pablo rivero
Romero Luque

Vejez, soledad, maternidad, inmigración, violencia... ¿por qué has tratado tantos temas en 'La matriarca'?

Tenía claro desde un primer momento las figuras que yo quería retratar, sobre todo la de la matriarca, esa mujer que representa a mi madre y a muchas mujeres que conozco que son el pilar fundamental de sus casas. Han trabajado dentro o fuera de sus casas, se han encargado de la vida de los hijos, los papeleos, las cosas de la vivienda... pero a partir de una determinada edad todo el mundo las excluye. De repente parecen menos válidas y su entorno se aprovecha de ello en lugar de ayudarlas.

En el caso de la mujer boliviana, me he inspirado en la chica que trabaja en mi casa y quería darle voz. Son mujeres que dejan su vida aparcadas, muchas de ellas con niños pequeños; de repente se ven en otro país con otra cultura distinta, con dificultades para alquilar casas y acceder a la sanidad. Mujeres que a la vez se están sacrificando para mantener dinero mientras otros les chulean o los maridos las engañan.

'La matriarca' también habla de la exposición de los menores en las redes sociales. Quise mostrar el paralelismo de que un anciano, al final de su vida, es igual de frágil que un niño, se vuelven igual de dependientes y necesitan la misma atención.

Los datos demuestran que en 2050, la población española será mayoritariamente anciana. ¿Por qué no se les presta la atención debida?

Si no somos capaces de parar las guerras y conflictos mayores... Estamos en un momento de batiburrillo político; son los políticos los que podrían hacer algo, pero como tienen garantizado su colchón tampoco les importan mucho. No hay más que ver que no ponen solución a las pensiones.

"Si un hombre es cabezón, tiene capacidad de liderazgo; si es una mujer, es que tiene la menopausia"

Cuando una persona, al llegar a una determinada edad, tiene un comportamiento 'fuera de lo normal' ya pensamos que está 'chocheando'. ¿Por qué crees que ocurre?

No se les permite bajar la guardia. En el libro queda reflejado en Felicidad, la matriarca de 70 años, pero también en Candela, la guardia civil de cuarenta y pico: tiene capacidad de liderazgo y a veces es un poco arcaica ante las situaciones, pero tampoco se le permite flaquear en ningún momento porque siempre sucede así con las mujeres. Si son insistentes, son histéricas; si no eres maniática. Si un tío es cabezón, es persistente y con capacidad de liderazgo; si es una mujer, es que está con el periodo o es menopáusica. Muchas mujeres os boicoteáis entre vosotras; hay compañeras que, en vez de ayudarse están esperando a que la una flaquee para ponerse donde está ella.

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En tu lista de agradecimientos aparecen personas que te han ayudado a escribir la novela y que también te han inspirado personajes. ¿Te han corregido mucho o, tras seis 'thrillers', ya le tienes pillado el tranquillo?

Menciono a Sandra, que es policía y que ya me asesoró en 'La cría', y a Javier, guardia civil. Ellos me cambian jerarquías que cambian entre ambos cuerpos o términos: por ejemplo, cuando una mujer cae desde lo alto es 'la precipitada'; su luego ya se sabe que la han matado es 'la asesinada' y correcciones así. El objetivo es no faltar a la verdad y que lo que escribo tenga sentido. Por ejemplo, yo quería que la historia transcurriera en Madrid pero entonces no podía aparecer la guardia civil, por eso me llevé la acción a El Escorial.

En la nota de prensa de la editorial te comparan con Alfred Hitchcock y con Pierre Lemaître, ¿no te da un poco de vértigo al ser referentes tan importantes del género?

He bebido mucho de los dos. En 'La matriarca' hay algo de Hitchcock; la cubierta es como de 'La ventana indiscreta', el tratamiento y la ambientación de los personajes y tiene esa cosa de edificio con una figura que sobrevuela encima de todos como en 'Rebeca'. Me gusta mucho eso de crear un misterio y elevar un personaje, muy al estilo también de David Lynch. En cuanto a Lemaître, él hace la novela negra muy real, muy efectista y ágil, como 'La matriarca'; crea personajes muy especiales, huyendo del bueno y el malo, con alguno incluso que te caiga mal. Es muy francés en eso, pero me gusta.